El poder de la influencia geopolítica y las perspectivas económicas para los próximos tiempos

Luís Sancho | BBVA

Responsable de Inversiones, BBVA
Luís Sancho es licenciado en Economía por la Nova SBE y a lo largo de su amplia trayectoria profesional ha desempeñado diferentes funciones, sobre todo en el área de gestión de activos, donde acumula una experiencia de más de veinte años.

Enero de 2025 por Luís Sancho

Donald Trump ha vuelto con fuerza a la presidencia de los Estados Unidos. Su victoria, combinada con el control republicano del Senado y de la Cámara de Representantes, seguramente dictará la agenda política y económica para 2025. Mientras tanto, el camino de los principales Bancos Centrales parece bastante claro: con la inflación bajo control es hora de impulsar el crecimiento económico. Ha llegado el momento de recortar los tipos de interés, pero está por ver hasta qué punto algunas de las políticas emblemáticas de la nueva administración estadounidense pueden afectar al ritmo de su reducción. 

Al igual que en 2024, el próximo año seguirá marcado por un ritmo de crecimiento bajo, aunque la probabilidad de recesión es bastante baja. La ausencia de grandes desequilibrios macroeconómicos, combinada con políticas monetarias más acomodadas, permitirá a los principales bloques económicos avanzar hacia ritmos económicos cercanos a su crecimiento potencial.

En EE.UU., la fortaleza del mercado laboral fue uno de los principales pilares para que la economía estadounidense volviera a presentar un nivel de crecimiento superior al previsto, materializado por una mayor contribución del consumo privado. En este contexto, será importante evaluar hasta qué punto una política de inmigración más restrictiva podrá tener un impacto significativo en los flujos migratorios, enfriando el mercado laboral y desacelerando los niveles de consumo.

La fuerte demanda de Inteligencia Artificial debería mantener los niveles de inversión observados en 2024, con especial énfasis en infraestructuras y energía.

Además del control de la inmigración, la introducción de aranceles aduaneros es uno de los ejes de la nueva administración. En este sentido, el posible aumento de la escalada arancelaria será un elemento de incertidumbre para el próximo año, aunque los efectos no se dejen sentir hasta la segunda mitad del año.

En este contexto, estimamos que el PIB estadounidense podría crecer en torno al 2% en 2025.

Con los dos principales países de la eurozona sumidos en una crisis política, los augurios en la región no parecen alentadores. Aun así, el aumento de los salarios reales, la caída de la tasa de ahorro y un mercado laboral con altos niveles de empleo deberían impulsar el consumo privado. Además, el ciclo de recortes del BCE podría mantener esta dinámica e impulsar también la inversión.

La política fiscal deberá seguir en modo de consolidación presupuestaria, especialmente en Francia, aunque también cabe esperar que Alemania suavice las normas del «freno presupuestario» y contribuya así a un aumento de la inversión en ámbitos estructurales como la defensa y la independencia energética.

El enorme grado de apertura de la economía de la eurozona será una vulnerabilidad si se materializa el escenario más extremo de la introducción de aranceles por parte de la administración Trump, penalizando la demanda externa. No obstante, creemos que la economía podría crecer en torno al 1%, ligeramente por encima de 2024.

En China, a pesar de la introducción de diversas medidas fiscales y monetarias para ayudar a la economía, persisten las dificultades. Los problemas relacionados con el mercado inmobiliario, así como la escasa confianza en el sector privado y los problemas del desempleo juvenil siguen condicionando el desarrollo económico, con graves repercusiones en la evolución de los precios, que siguen sin poder aumentar. Además, la probable imposición de aranceles por parte de EE.UU. supondrá un freno adicional a la recuperación de la actividad. Teniendo esto en cuenta, se espera que China siga creciendo por debajo del 5% deseado por sus autoridades. Apuntamos a un crecimiento del 4,5% en 2025.

Tras una cautela quizá excesiva por parte de los Bancos Centrales a la hora de invertir el ciclo de la política monetaria, esta será cada vez menos restrictiva en 2025. Por el momento, sin embargo, nos parece más claro que el Banco Central Europeo está en condiciones de bajar sus tipos más rápidamente que la Reserva Federal, tanto porque la economía de la eurozona muestra niveles de crecimiento bastante débiles y necesita un impulso monetario, como porque la FED querrá adoptar una postura de «esperar y ver» para poder calibrar su política con el nuevo entorno político que empezará a perfilarse durante el próximo año.

A corto plazo, el crédito europeo a corto plazo, especialmente en grado de inversión, podría comportarse bien. Con una inflación que se desacelera progresivamente y una economía europea que, sin embargo, ha sido capaz de crecer, se trata de una clase que destaca por su atractivo en términos del binomio riesgo/rentabilidad.

Asumiendo, como en el último análisis, un escenario base en el que las economías crecerán modestamente y los resultados empresariales aumentan, parece razonable suponer que las bolsas volverán a subir en 2025, aunque de forma menos significativa. En este contexto, las bolsas europeas, que en términos de valoración cotizan por debajo de su media histórica, podrían presentar un potencial de recuperación interesante, aunque un fuerte clima de incertidumbre política podría frenar el apetito por ellas a corto plazo. Tampoco hay que olvidar que el desenlace de la guerra en Ucrania podría concretarse cuando se alcance un alto el fuego, lo que supondría un enorme catalizador para la subida de las bolsas europeas. La bolsa estadounidense seguirá cosechando dividendos gracias a las políticas MAGA («Make American Great Again») y a unos niveles de crecimiento superiores a los de sus homólogos desarrollados. A corto plazo, el sector de las pequeñas y medianas empresas podría beneficiarse de medidas de política económica como los recortes fiscales y la desregulación, que estimularán el sentimiento y el crecimiento, entre otras cosas porque la actividad de fusiones y adquisiciones se acelerará a lo largo del año.

Esta vez, adoptamos una visión más neutral de los mercados de valores emergentes. Por el momento, sigue siendo difícil ver cómo China podrá resolver sus problemas, sobre todo los relacionados con su parque inmobiliario. Por otra parte, la introducción de aranceles en diversas partes del mundo será un elemento de incertidumbre a la hora de separar a ganadores y perdedores en un nuevo marco de cadenas de suministro más cercanas. Cabe mencionar, sin embargo, que las variables macroeconómicas en su conjunto ofrecen una lectura positiva.

Aunque no vemos grandes riesgos macroeconómicos, la situación presupuestaria de países como EE.UU. y Francia podría contribuir a cierta inestabilidad entre los inversores.

La falta de interés por corregir estos desequilibrios a corto plazo podría crear cierta tensión en el mercado, con los inversores exigiendo tipos de interés más altos para mantener la deuda soberana.