Financiación del futuro: es necesario la forma como invertimos
Enero de 2025 por André Themudo
El mundo ha cambiado desde 2020 y ya no vivimos un ciclo económico habitual. Además, hay otros cuatro aspectos que pueden condicionar la evolución del mercado: evolución de la IA, infraestructuras a largo plazo, fragmentación creciente, necesidad de nuevos diversificadores.
Llevamos desde 2020 defendiendo que no vivimos un ciclo económico habitual: la inteligencia artificial (IA) ha sido un importante motor del mercado, la inflación disminuyó sin que se haya producido una desaceleración del crecimiento y las señales típicas de recesión no hicieron acto de presencia. Hemos presenciado en directo cómo se rompían las tendencias históricas, a medida que las economías se redefinen por el efecto de fuerzas transformadoras, como el crecimiento de la IA. La respuesta excesiva de los activos a largo plazo ante noticias de corto plazo demuestra que este es un entorno nada habitual.
Se trata de un escenario singular, que exige un nuevo enfoque para las inversiones. Detectamos oportunidades significativas para que los inversores aprovechen las olas transformadoras que prevemos que se sucederán en la economía real. Por consiguiente, nuestro primer tema es la financiación del futuro.
Consideramos que los mercados de capitales desempeñan un papel esencial en la construcción de una amplia red de infraestructuras. Consideramos asimismo necesario repensar la manera en que invertimos. Defendemos que los inversores centren su atención más en los temas que en las categorías de activos en general, ya que las megatendencias transforman economías enteras. En un ambiente donde no se aprecia una tendencia a largo plazo estable y con un mercado en constante evolución, se debe dar prioridad a las perspectivas tácticas. En nuestra opinión, son cruciales una mayor dinamización de las carteras y un enfoque más detallado.
A pesar de todo esto, continuamos inclinados hacia el riesgo, empezando por nuestra confianza en la fuerza corporativa y en el rendimiento superior de los Estados Unidos, que se benefician más de estas megatendencias, factor que impulsa el lucro empresarial. Creemos que el escenario más probable para los próximos 6 a 12 meses es la fuerza corporativa de EE. UU., con una expansión de los beneficios, aunque la economía desacelere ligeramente. Es lo que indica la resiliencia de los beneficios empresariales, incluso en un contexto de tasas de interés elevadas. Sin embargo, hemos identificado cuatro aspectos que merecen una atención especial, ya que pueden condicionar la evolución del mercado:
- La evolución de la IA
Aunque su rápida evolución ofrece oportunidades significativas, el camino hacia una transformación completa todavía es incierto. Nuestro modelo de tres fases (construcción, adopción y transformación) nos permite acompañar esa evolución y ajustar las carteras a lo largo del proceso.
- Infraestructuras a largo plazo
La construcción asociada a la IA está generando una necesidad masiva e inmediata de centros de datos. Simultáneamente, se dispara la búsqueda de infraestructuras verdes a la par que países y empresas tecnológicas compiten para reducir emisiones. En lo relativo a las infraestructuras, el envejecimiento de la población en los mercados desarrollados, el incremento de la urbanización en los mercados emergentes y la reorganización de las cadenas de abastecimiento globales están moldeando las necesidades emergentes. Los mercados privados podrán ser una vía importante exponerse a esta demanda creciente, ayudando a salvar la brecha entre las necesidades masivas de financiación y las limitaciones presupuestarias de los gobiernos, que se enfrentan a niveles de deuda pública elevados.
- Fragmentación creciente
Las elevadas tensiones globales están acelerando la reestructuración de las cadenas de abastecimiento y la formación de bloques geopolíticos y económicos en conflicto. En 2025, la competencia entre EE. UU. y China se intensificará, a medida que se intensifiquen las tarifas y las políticas centradas en la disociación de sectores estratégicos, especialmente en lo referente a las tecnologías avanzadas como los semiconductores. Los mercados emergentes son los principales proveedores dos productos primarios necesarios para la transición hacia una economía baja en carbono, como el cobre, y mercados en crecimiento en lo relativo a las exportaciones, factor que realza su influencia potencial en el contexto geopolítico.
- Necesidad de diversificadores nuevos
El nuevo régimen ha estado definido por una correlación errática entre los rendimientos de las acciones y de las obligaciones. Como consecuencia, las obligaciones del Tesoro se han vuelto un amortiguador menos fiable contra las caídas de las acciones. Hay potencial para que aparezcan otros diversificadores, tanto tradicionales como el oro, como nuevos como el Bitcoin. No se trata de sustituir las obligaciones a largo plazo para buscar más diversificación, sino de buscar fuentes nuevas y diferentes de riesgo y retorno. Creemos que es fundamental observar y acompañar la evolución del comportamiento de estas alternativas en relación con las clases de activos tradicionales y ser ágiles en su aprovechamiento.